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julio 15, 2024 9:27 am

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El Papa en el G7: La inteligencia artificial no es objetiva ni neutral

El Pontífice pronunció su discurso durante la sesión conjunta de la cumbre del G7 en Borgo Egnazia, Apulia, al sur de Italia, centrado en las oportunidades y los riesgos de la inteligencia artificial. En su alocución, llamó a la adopción de una “sana política” para el bien común.

El escenario parece distópico, pero el riesgo es tan real como siempre: “Ninguna máquina debería elegir jamás quitar la vida a un ser humano”. Francisco intervino, en la tarde de este viernes 14 de junio, en la sesión conjunta de la cumbre del G7 en Borgo Egnazia, Apulia, al sur de Italia. Es el primer Papa que participa en una cumbre de los “Grandes de la Tierra” y habló de la inteligencia artificial (IA): una “herramienta fascinante” pero al mismo tiempo “tremenda”, expresó, dado que es capaz de aportar beneficios o causar daños como todas las “herramientas” creadas por el hombre desde el principio de los tiempos.

 

Lea el discurso completo del Santo Padre aquí

La llegada a Apulia

Veinte minutos antes de lo previsto, el helicóptero del Papa aterrizó a las 12:10 en el campo de deportes de Borgo Egnazia, en una extensión de olivos. Dando la bienvenida al Pontífice estaba la Presidenta del Consejo de Ministros de la República Italiana, Giorgia Meloni. Con ella hubo un apretón de manos y algunas bromas: “Todavía vivos”, dijo la premier. “Somos dos”, respondió Francisco. Y Meloni contestó: “Será un día largo pero hermoso”. Juntos, en un coche de golf, se dirigieron a la residencia privada donde, pasadas las 12:30 horas, comenzaron los cuatro primeros encuentros bilaterales con Kristalina Georgieva, directora general del Fondo Monetario Internacional, y el presidente ucraniano Zelensky, el Presidente francés, Emmanuel Macron, y el Primer Ministro canadiense Justin Trudeau. A las 14.00 horas, el Papa Francisco se trasladó a la Sala Arena, donde se turnó para estrechar la mano de todos los sentados en la mesa circular. 

Participación del Santo Padre en la sesión conjunta del G7 sobre inteligencia artificial - viernes 14 de junio de 2024. (Vatican Media)

Urge replantearse el desarrollo y el uso de “armas autónomas letales”

Meloni introdujo el discurso del Papa, explicando en primer lugar la elección de Apulia como tierra que “históricamente ha representado un puente entre Oriente y Occidente, un lugar de diálogo, un mar de por medio con África y Oriente Medio”. A continuación dio las gracias a “Su Santidad”, cuya participación, remarcó, “hace inevitablemente histórico este encuentro”.

Sentado a la mesa con los líderes mundiales, el Papa compartió sus reflexiones sobre la Inteligencia Artificial, tema al que ya había dedicado su Mensaje para la 58ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Ante los hombres y mujeres con importantes cargos en la toma de decisiones, el Obispo de Roma se refirió a las oportunidades de esta herramienta, pero también alertó sobre sus riesgos y efectos sobre el futuro de la humanidad. Su mirada se fijó sobre todo en esta guerra con sus “piezas” cada vez más unificadas.  

“En un drama como el de los conflictos armados, es urgente replantearse el desarrollo y la utilización de dispositivos como las llamadas ‘armas autónomas letales’ para prohibir su uso, empezando desde ya por un compromiso efectivo y concreto para introducir un control humano cada vez mayor y significativo.”

El potencial humano

El Papa aclaró cómo no hay prejuicios sobre el progreso científico y tecnológico, sino miedo a una deriva: “La ciencia y la tecnología son, por lo tanto, producto extraordinario del potencial creativo que poseemos los seres humanos”, manifestó Bergoglio. Un “instrumento extremadamente poderoso”, subrayó Francisco, y explicó que este instrumento es empleado en numerosas áreas de la actividad humana: de la medicina al mundo laboral, de la cultura al ámbito de la comunicación, de la educación a la política. “Y es lícito suponer, entonces, aseveró, que su uso influirá cada vez más en nuestro modo de vivir, en nuestras relaciones sociales y en el futuro, incluso en la manera en que concebimos nuestra identidad como seres humanos”.

El ser humano debe tomar la decisión

Así, por un lado, entusiasman las posibilidades que ofrece la IA; por otro, generan temor por las consecuencias que presagian. Para Francisco, hay que distinguir bien entre una máquina que “puede, en algunas formas y con estos nuevos medios, elegir por medio de algoritmos” y, por tanto, “una elección técnica entre varias posibilidades”. “El ser humano, en cambio, no solo elige, sino que en su corazón es capaz de decidir”, matizó el Sucesor de Pedro.

“Frente a los prodigios de las máquinas, que parecen saber elegir de manera independiente, debemos tener bien claro que al ser humano le corresponde siempre la decisión, incluso con los tonos dramáticos y urgentes con que a veces ésta se presenta en nuestra vida”.

La dignidad humana en riesgo

La advertencia de Bergoglio fue contundente: “Condenaríamos a la humanidad a un futuro sin esperanza si quitáramos a las personas la capacidad de decidir por sí mismas y por sus vidas, condenándolas a depender de las elecciones de las máquinas. Necesitamos garantizar y proteger un espacio de control significativo del ser humano sobre el proceso de elección utilizado por los programas de inteligencia artificial. Está en juego la misma dignidad humana”.

Revolución cognitivo-industrial

En definitiva, no estamos hablando sólo de progreso científico, sino que nos enfrentamos a “una auténtica revolución cognitiva-industrial, que -sostuvo el Papa Francisco- contribuirá a la creación de un nuevo sistema social caracterizado por complejas transformaciones de época”.

“La inteligencia artificial podría permitir una democratización del acceso al saber, el progreso exponencial de la investigación científica, la posibilidad de delegar a las máquinas los trabajos desgastantes; pero, al mismo tiempo, podría traer consigo una mayor inequidad entre naciones avanzadas y naciones en vías de desarrollo, entre clases sociales dominantes y clases sociales oprimidas, poniendo así en peligro la posibilidad de una “cultura del encuentro” y favoreciendo una “cultura del descarte”.

Ética y “algorética”

A continuación, el Papa mencionó favorablemente la firma del “Llamamiento de Roma” por la Ética de la IA y el apoyo a esa forma de moderación ética de los algoritmos condensada en el neologismo “algorético”.

“Si nos cuesta definir un solo conjunto de valores globales, podemos encontrar principios compartidos con los cuales afrontar y disminuir eventuales dilemas y conflictos de la vida”.

¿Puede funcionar el mundo sin política?

Entre los diversos riesgos, el Papa teme también el de un paradigma tecnocrático. Es precisamente aquí, dijo, donde la “acción política” se hace “urgente”. Política… para muchos hoy “una mala palabra” que recuerda “errores”, “corrupción”, “ineficiencia de algunos políticos” a la que se añaden “estrategias que buscan debilitarla, sustituirla con la economía o dominarla con alguna ideología”. Sin embargo, “¿puede funcionar el mundo sin política? ¿Puede haber un camino eficaz hacia la fraternidad universal y la paz social sin una buena política?”, se pregunta el Papa. “¡No! ¡La política sirve!”, es la respuesta. “Siempre existe la tentación de uniformizarlo todo”, añadió de manera espontánea. Luego, recomendó “una famosa novela de principios del siglo XX”, El Señor del Mundo, el libro de Richard Hugh Benson ya citado varias veces en el pasado: “Una novela inglesa que muestra el futuro sin política, un futuro uniformador. Es bueno leerla, es interesante”, aseveró el Pontífice.

La urgencia de la implementación de una “sana política”

Por último, ante los escenarios descritos, el Santo Padre enfatizó la urgencia de una “sana política” que nos haga mirar nuestro futuro con esperanza y confianza. En efecto, “hay cosas que deben cambiar con redefiniciones fundamentales y transformaciones importantes” y “solo una sana política podría abrir el camino, implicando a los más diversos sectores y saberes”, asegura el Papa. “De este modo”, añade, “una economía integrada en un proyecto político, social, cultural y popular que busque el bien común puede “abrir camino a oportunidades diferentes, que no implican detener la creatividad humana y su sueño de progreso, sino orientar esa energía con cauces nuevos”.

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