La Iglesia en Bolivia: Se pronuncia ante la catástrofe de los incendios en la Amazonía y sus consecuencias.

“Nuestra Casa Común está en llamas”, es el título del Mensaje que los Prelados bolivianos enviaron este 26 de agosto, desde el “Encuentro de Obispos con Pueblos y Comunidades Amazónicas de Bolivia”. La Conferencia de Prensa se realizó en la Casa de retiros Cardenal Maurer, allí el Secretario General de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), Mons. Aurelio Pesoa, acompañado por Mons. Ricardo Centellas, Presidente de la CEB, Mons. Eugenio Coter, Coordinador de la Red Eclesial Panamazónica en Bolivia, Mons. Robert Flock, Obispo de la Diócesis de San Ignacio de Velasco, Herland Domínguez, del Comité de defensa del Río Madera, Willy Llanque, Secretario técnico de la REPAM en Bolivia, dio lectura al Mensaje.

Clamor ante la catástrofe de los incendios en la Amazonía

Los Obispos y delegados de las Comunidades Amazónicas de Bolivia reunidos en Cochabamba, en preparación al Sínodo sobre la Amazonía que tendrá lugar en el Vaticano el próximo mes de Octubre, expresaron su consternación, indignación e impotencia “ante la catástrofe de los incendios forestales ocurridos en la Chiquitanía y en el Chaco durante estos últimos días. Nuestra Casa Común – señalaron los Pastores – está herida de muerte pues cerca de un millón de hectáreas de nuestro bosque amazónico se consume bajo las llamas del fuego. Los daños son enormes, aunque todavía incalculables, y afectan a la salud humana, a las formas de vida de las comunidades indígenas, a la biodiversidad y a los servicios ambientales”.

Trágicas consecuencias de este desastre ecológico

Asimismo, los Obispos bolivianos señalaron que, “las consecuencias de este desastre ecológico son múltiples y trágicos porque, en poco tiempo, constataremos la pérdida de biodiversidad, la contaminación de la tierra, del aire y del agua, la peligrosa deforestación y la escasez de medios de subsistencia de sus pobladores”. Por ello, los Pastores citando al Papa Francisco en su Encíclica Laudato Si’, denuncian que, “sus efectos son nefastos, que no tienen precedentes históricos, repercuten más allá de nuestras fronteras, particularmente con el territorio hermano de Brasil”. En efecto, el ciclo hidrológico se altera drásticamente y, en este caso, puede ser causa de intensas sequías y desertificación tanto en la Amazonía como en la región de los Andes.

Denuncia profética de las causas: un decreto imprudente

Ante esta situación, los Prelados afirman que esta catástrofe es el resultado de la acción humana, por ello, señalan que, “tenemos que ejercer nuestra misión profética para buscar y denunciar abiertamente sus causas. Nos parece irresponsable – afirman – por imprudente el decreto supremo No 3973 del Gobierno Nacional, del mes de julio pasado, mediante el cual se autorizan las quemas ‘controladas’ de terrenos y el desmonte, pero no se articulan las medidas sobre las condiciones y mecanismos para el control efectivo de las mismas, lo cual favorece los chaqueos ilegales. El decreto es, además, temerario y evidencia el desconocimiento real de los fuertes vientos y de la sequía prolongada de esta estación en el oriente boliviano”.

Lógica del capitalismo depredador de la naturaleza

Asimismo, los Obispos evidencian que, “todo ello responde a la lógica imperante, también en nuestro país, del capitalismo tecnocrático y agresivo con la hermana madre tierra y a un modelo de desarrollo consumista y depredador de la naturaleza, que se manifiesta en los grandes proyectos hidroeléctricos y de exploraciones de hidrocarburos, la ampliación de las fronteras agrícolas, la demoledora construcción de carreteras y la vieja lógica extractivista. Con ello se está atentando contra los derechos de los pueblos indígenas, consignados en la legislación boliviana, entre otros, el derecho a ser informados y consultados sobre todas estas intervenciones”.

Acciones solidarias, eficientes y legales ante esta catástrofe

Por eso, como Iglesia, nos unimos en solidaridad al dolor y al clamor de la tierra y de los habitantes de estos territorios, en especial a sus pueblos indígenas, custodios de la Casa Común, ofreciendo ayuda material y donaciones. Valoramos el esfuerzo comprometido de las personas e instituciones que afrontan con responsabilidad y sacrificio todo lo que está pasando en la incendiada Amazonía.

Por ello, los Obispos piden “a todas las autoridades y al Gobierno Nacional que destinen urgentemente los recursos necesarios para combatir el fuego y que gestionen con transparencia la ayuda internacional adecuada para que los afectados puedan recuperarse y para evitar que este desastre se torne incontrolable e irreversible. Asimismo exigimos al Gobierno Nacional declarar las áreas de bosques afectados por el fuego como tierras de inmovilización, con pausa ecológica y absoluta prohibición de todo cultivo y extracción, promoviendo sólo actividades de reforestación”. Además se deben revocar de inmediato las autorizaciones de desmontes y chaqueos y, al mismo tiempo, hacer una auditoría técnica de las autorizaciones realizadas que permita sancionar legalmente a los responsables de esta catástrofe amazónica.