La fiesta del protomártir Esteban nos llama a recordar a todos los mártires de ayer y de hoy, nos dice el Papa Francisco.

El martirio y el verdadero significado de la Navidad

Al saludar a los fieles y peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro para rezar a la Madre de Dios, el Santo Padre recordó que, hoy celebramos la fiesta de San Esteban, primer mártir. Comentando la página de la liturgia de hoy que nos presenta a Esteban en los momentos finales de su vida, cuando es capturado y lapidado, el Pontífice señaló que, “esta memoria del primer cristiano asesinado por la fe puede aparecer fuera de lugar”. Sin embargo, precisamente desde la perspectiva de la fe, la celebración de hoy se pone en sintonía con el verdadero significado de la Navidad. “En el martirio de Esteban – afirmó el Papa – de hecho, la violencia es derrotada por el amor, la muerte por la vida: él, en la hora del testimonio supremo, contempla los cielos abiertos y dona a sus perseguidores su perdón”.

San Esteban, un joven servidor del Evangelio

Asimismo, el Papa Francisco dijo que San Esteban es un joven servidor del Evangelio, lleno del Espíritu Santo, que supo narrar a Jesús con las palabras, y sobre todo con su vida. “Mirándolo a él, vemos realizarse la promesa de Jesús a sus discípulos: Cuando los entreguen por mi causa, el Espíritu del Padre les dará la fuerza y las palabras para dar testimonio”. En la escuela de San Esteban, que se asemejó a su Maestro tanto en la vida como en la muerte, afirmó el Pontífice, también nosotros fijamos la mirada en Jesús, testigo fiel del Padre. Aprendemos que la gloria del Cielo, aquella que dura para la vida eterna, no está hecha de riquezas y poder, sino de amor y de entrega de sí mismo.

Un estilo de vida plasmado según Jesús

Por ello, señaló el Santo Padre, tenemos necesidad de tener la mirada fija en Jesús, «autor y perfeccionador de la fe», para poder dar razones de la esperanza que se nos ha donado, a través de los desafíos y las pruebas que debemos afrontar cotidianamente. “Para nosotros los cristianos, el cielo ya no está lejos, separado de la tierra: en Jesús – precisó el Pontífice – el Cielo ha descendido a la tierra. Y gracias a Él, con la fuerza del Espíritu Santo, nosotros podemos asumir todo lo que es humano y orientarlo hacia el Cielo”. De tal modo que el primer testimonio sea precisamente nuestro modo de ser humanos, un estilo de vida plasmado según Jesús: manso y valiente, humilde y noble, no violento.

Anunciar a Cristo a través de gestos de fraternidad

En este sentido, el Santo Padre propuso la figura de Esteban, uno de los primeros siete diáconos de la Iglesia, como aquel que nos enseña a “anunciar a Cristo a través de gestos de fraternidad y de caridad evangélica”. Su testimonio, que culmina en el martirio, afirmó el Pontífice, es una fuente de inspiración para la renovación de nuestras comunidades cristianas. Estas están llamadas a ser cada vez más misioneras, todas orientadas a la evangelización, decididas a alcanzar a los hombres y mujeres de las periferias existenciales y geográficas, donde hay más sed de esperanza y de salvación. Comunidades que no siguen la lógica mundana, que no ponen al centro a sí mismas, su propia imagen, sino únicamente la gloria de Dios y el bien de la gente, especialmente los pequeños y los pobres.

La gracia de vivir y morir con el nombre de Jesús

Finalmente, el Papa Francisco invitó a que en la fiesta del protomártir Esteban, todos estamos llamados a recordar a todos los mártires de ayer y de hoy, a sentirnos en comunión con ellos, y a pedir a ellos la gracia de vivir y morir con el nombre de Jesús en nuestros corazones y en nuestros labios. “Que María, Madre del Redentor – invocó el Papa – nos ayude a vivir este tiempo de Navidad fijando la mirada en Jesús, para hacernos cada día más semejantes a Él”.