Domingo IX del Tiempo Ordinario: Solemnidad de La Santísima Trinidad

Lecturas del día.

  • Primera lectura: El Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra; no hay otro

    Lectura del Libro del Deuteronomio 4, 32-34. 39-40

  • Salmo

    Sal. 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22

    R: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió con heredad

  • Segunda lectura: Habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos “¡Abba Padre!”

    Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8, 14-17

  • Evangelio del día: Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

    Lectura del santo Evangelio según San Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les habla indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

Reflexión breve.

A muchos de nosotros nos han explicado este misterio con aquella anécdota que se cuenta de San Agustín. Mientras paseaba por la playa pensando en este misterio, se le apareció un ángel, en forma de niño. Le pregunta Agustín: ¿qué haces ahí? Le contestó: estoy tratando de trasvasar toda el agua del mar a  este pocito que yo he hecho en la arena. ¡Eso es imposible! Pues más imposible es que tú puedas entender el misterio de la Trinidad.  Me sirve ese ejemplo con tal de que ese Misterio no sea para la cabeza sino para el corazón. Es imposible comprender lo que Dios nos ama. Es un misterio, pero un misterio de amor. Un mar inmenso de amor que nos rebasa, nos trasciende y nos inunda, es lo que se puede decir de la Santísima Trinidad. 

La presencia de Dios entre nosotros no fue condenar, ni juzgar, sino salvar, pero nadie se salva por la fuerza, por casualidad o por obligación, es necesario creer al Hijo unigénito enviado por el Padre y dejarse gobernar por el Espíritu Santo. Tratar de entender o explicar el misterio del Dios trino y uno es imposible, pero vivir en la dinámica de fe en Él, nos fue concedido por medio de Jesucristo en el poder del Espíritu Santo. Lic. Cristóbal Flores Borja.

"La Trinidad es amor que salva al mundo" Papa Francisco.