Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia.

Debemos recordar que vivimos en un mundo que se vende al pecado, y cuando nuestras palabras o acciones exponen la maldad o la mentira de los demás, es causa de irritación en la sociedad, ya que hay un sentimiento de intimidación que trata de apartar la justicia de Dios.

Aquellos que han proclamado la justicia de Jesucristo han encontrado un choque con el mundo, y han terminado siendo perseguidos física o verbalmente. Es esto que la Iglesia de Nicaragua está viviendo, hermanos unámonos en oración para que el Padre en nombre de nuestro Señor Jesús otorgue las gracias necesarias, mansedumbre, fortaleza y sobre todo paz a nuestros hermanos de la Iglesia que peregrina en este país hermano, para permanecer en pie en la persecución.

El Gobierno de Nicaragua realizó ayer un nuevo ataque armado, un intenso bombardeo de más de siete horas contra la población del país, esta vez en la ciudad de Masaya, con énfasis en la comunidad indígena de Monimbó.
Pese al repudio local e internacional, el nuevo ataque dejó un saldo de al menos tres fallecidos que se suman a una lista de más de 351 personas muertas en la crisis.

Durante la intervención gubernamental, el cardenal de Nicaragua, Leopoldo Brenes llamó a los habitantes de Masaya a resguardarse en lugares seguros, "ante el acoso armado" de las "fuerzas combinadas" del Gobierno. La alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea y vicepresidenta de la Comisión Europea, Federica Mogherini, llamó al Gobierno de Nicaragua a poner "fin inmediato a la violencia", sin ser escuchada.  Ortega tampoco atendió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que le recordó que "ya existe un marco para detener la violencia y abrir canales de diálogo que eviten más pérdidas de vida". Tampoco causó efecto el llamado del secretario de Estado adjunto en funciones para Latinoamérica de Estados Unidos, Paco Palmieri, quien instó "enérgicamente al presidente Ortega a que no ataque a Masaya".

"Llorando por todos los muertos y rezando por sus familias, hago, con todas mis fuerzas humanas y espirituales, un llamado a las conciencias de todos, para lograr una tregua, y permitir un rápido regreso a las mesas del diálogo nacional", dijo el nuncio apostólico Stanislaw Waldemar Sommertag, sin éxito.